Amanecer

Amanece. Miro por el balcón y veo el agua, los barcos, el cielo tormentoso. Estoy en Burgaz nuevamente este verano. El mismo paisaje, pero ha pasado un año. Las gaviotas se quejan y chillan como siempre. Caminando por la calle abajo de casa, aparece la chica que bajaba todos los días en sus pantalones holgados y buzo dos talles mas grande que lo que en realidad necesita. El barrendero se asoma con su mismo porte delicado y digno a pesar de su estatura excesivamente alta y su cuerpo súper delgado.

Los mismos barcos anclados: el chiquito que siempre está cubierto ya que su dueño se esmera en cerrarlo bien mientras su perro Coker Spaniel espera pacientemente antes de subir al bote que los trae a la costa. El barco con techo azul que me encanta y el de motor blanquito, ni muy grande ni muy chico, flota elegantemente meciéndose con el ritmo del agua agitada por la tormenta.
Ahora camino a Kalpazan como de costumbre. Las gallinas aparecen a la vuelta del camino. La señora que teje con su cabeza cubierta está haciendo alguna artesanía de forma interesante que no llego a entender que es exactamente. La saludo, ”Marahaba!” y comienza a hablarme hasta que le indico que en realidad no entiendo nada. Sorpresa! En el lugar donde guardan los sulkis y los caballos , aparecen tres cabritas. El año pasado había ovejas.

Vuelvo a casa con el alma colmada. Veo un texto de Ariela que me invita a juntarme con ella y Rozie en Ergün. ¡Que lindo verlas de vuelta! Me siento y ya instalada, aparecen Jaime y Lidia y nos saludamos con gran abrazo. Ariela comenta con su sonrisa que indica que lo obvio: “ ¡Esto es Burgaz!”: el encuentro con amigos que ahora me hace sentir el calor humano de este lugar.
Luego, voy al club donde me recibe la misma señora que estaba a la entrada el año pasado. Veo más amigas. Rozie, la hermanan de Cavit, se asoma al balcón ya que estaba por jugar a las cartas. Subo y hablamos un rato. Linda charla luego de un año.

Camino a casa, voy al almacén y , por supuesto, como ya pueden adivinar , están los mismos dueños que se acuerdan de donde vivo y me mandarán el pedido. Luego, paro en le puesto de verduras y me encuentro con otros amigos, que , por suerte me ayudan a pedir lo que quiero: un melón y el mejor!
Termino el dia con una cena con Ariela y Loni. ¡Cómo no amar este lugar donde la gente abre su corazón y su casa con tanta alegría y generosidad! Gracias, Cavit!