Cigueñas

Camino a la tarde hasta Kalpazan, como lo hago de costumbre este verano en Burgaz, cuando de repente aparecen justo encima mío en el cielo, volando bajito, cantidades de cigüeñas que viajan hacia la isla vecina en su migración al sur. Azorada por este espectáculo, quiero gozarlo al máximo, no perder un segundo. Mi cabeza, inclinada hacia el cielo, mis ojos fijos en esta maravilla, las siguen meticulasomente. “¡Terminó!”, pienso. “Se han ido. ¡Qué lástima! Quiero más”. De la nada, surgen más y más. Se multiplican en un diseño maravilloso, abundante, sublime. “Bueno, esta vez sí las pude ver.” Camino unos pasos más y del fondo del cielo, vuelven otras, un arroyo celestial de cigüeñas multiplicadas infinitamente en un caleidoscopio celeste.

Fluye mi copa, abundancia y superabundancia del símbolo de la vida, la cigüeña. De acuerdo al padre Alexander, esto es lo que simbolizan desde la antigüedad. Así surge la leyenda de la cigüeña que trae bebes al mundo. En realidad, traen vida….vida abundante sobre mí.